No conviertas tu obra en denuncia barata

Hoy vamos a hablar de una trampa cada vez más común en el arte contemporáneo: la denuncia oportunista. Esa obra que parece valiente, pero en realidad solo sigue el titular del día. No cuestiona: repite. No arriesga: calcula. Y ahí está la diferencia entre una crítica verdadera —que nace de una necesidad interna— y una pieza hecha para el aplauso inmediato. Porque una cosa es hacer arte político, y otra muy distinta es convertir el arte en propaganda con barniz.

Acceso con membresía

¿Ya tienes una suscripción?