Mi obra habla por si sola

Hoy vamos a pinchar una idea cómoda: “la obra habla sola”.
A veces sí.
Muchas veces, no.
Porque una obra puede ser potente y, aun así, quedarse muda para quien la mira si tú no abres una puerta de entrada.
No se trata de explicarlo todo ni de convertir el arte en un manual.
Se trata de dirección: de propósito, de umbral, de una frase que permita al otro entrar sin perderse en la niebla.
El espectador trae su vida, su prisa, su ruido.
Y el coleccionista, además, necesita sentido para sostener una decisión.
Si tú no nombras lo esencial, alguien lo hará por ti: el mercado, la sala, la etiqueta fácil.
Y esa voz prestada casi nunca te representa.
Hoy hablamos de cómo se mantiene el misterio sin esconderse, y de por qué la claridad no empobrece la obra: la hace habitable.

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