En este vídeo quiero que entendamos algo clave: esa “culpa” que aparece cuando vas a mostrar tu obra no es simplemente timidez, ni falta de talento, ni un defecto de carácter. Muchas veces es un mecanismo de protección. Tu cerebro está diseñado para evitar el rechazo social porque, durante...
En este vídeo quiero que entendamos algo clave: esa “culpa” que aparece cuando vas a mostrar tu obra no es simplemente timidez, ni falta de talento, ni un defecto de carácter. Muchas veces es un mecanismo de protección. Tu cerebro está diseñado para evitar el rechazo social porque, durante miles de años, ser rechazado por el grupo era un riesgo real. ¿Qué hace entonces? Interpreta la visibilidad como una amenaza. Y traduce esa amenaza en una narrativa muy convincente: “no molestes”, “no repitas”, “no te expongas demasiado”, “no parezcas vendedor”.
Pero aquí viene lo importante: en el mundo del arte, no se trata de “insistir”, se trata de construir reconocimiento. Y el reconocimiento no se construye con una sola publicación brillante, sino con repetición estratégica. Tu obra necesita contexto, necesita repetición, necesita una trayectoria que se vea. Porque la mente humana no valora lo que ve una vez; valora lo que entiende, lo que recuerda y lo que puede ubicar en una historia.
Vamos a desmontar esa idea de que hablar de tu obra con frecuencia es ser pesado.
Y al final del vídeo te voy a proponer una forma práctica, muy sencilla y totalmente alineada con la ética del artista: un método para comunicar tu obra de manera constante sin sentirte impostor, sin forzarte a “vender”, y sin traicionar tu identidad creativa. Porque mostrar tu arte no es un acto de ego. Es un acto de responsabilidad con tu propio camino.